Un minisplit mal instalado consume más, enfría menos y se descompone antes. Los tres errores más comunes son el vacío mal hecho en la tubería, una carga de refrigerante incorrecta y un desnivel mínimo en el drenaje que termina goteando por la pared.
La otra mitad de la historia es el mantenimiento. Un equipo sucio pierde eficiencia de forma silenciosa: enfría un poco menos cada mes y el recibo de luz sube sin que nadie lo relacione con el filtro.