El control de acceso responde a dos preguntas que una llave no puede: quién entró y a qué hora. Por eso su valor real no está en la cerradura sino en la bitácora, sobre todo en negocios con rotación de personal.
La decisión importante es el medio de identificación —huella, tarjeta, código, reconocimiento facial o celular— y qué pasa si falla. Un sistema bien diseñado siempre tiene un plan B para cuando se va la luz o alguien olvida su credencial.