La domótica se vende como lujo y se disfruta como comodidad diaria: que las luces se apaguen solas, que el portón se abra sin bajarse del coche, que el clima esté encendido antes de llegar. Su valor real aparece cuando desaparece la fricción.
El punto crítico es la compatibilidad. Un ecosistema mezclado sin criterio termina en cinco aplicaciones distintas para prender cinco cosas, que es peor que no tener nada. Conviene decidir la plataforma antes de comprar el primer dispositivo.